lunes, 27 de febrero de 2012

Dia 29 – Honrando mis raíces

Ofer Laszewicki

Tumba de Shmuel y Adela Rubin en el cementerio de Haifa
Hoy ha sido un día muy especial para mi. Tras un intento fracasado tres años atrás, esta vez he visitado el cementerio de Haifa, donde descansan en paz mis fallecidos abuelos Shmuel y Adela Rubin. Personalmente, me he sentido muy realizado al reecontrarme con ellos muchos años después, y me ha servido para hacer memoria y recordar con añoranza mis escasas experiencias vividas con ellos. Los abuelos Rubin vivieron en sus propias carnes la brutalidad del genocidio nazi. Jamás se borrará de mi memoria esas repugnantes cifras marcadas en la piel de mi abuela con las que intentaron despojarle de toda humanidad. Por fortuna, ambos fueron de los pocos que lograron salvarse y emigrar clandestinamente al único lugar donde creían que al fin estarían seguros. No obstante, no fue así, y tuvieron que vivir nuevamente las atrocidades y el sufrimiento de más guerras, esta vez lejos de su Polonia natal.

Pese a que tan solo tenía siete años cuando falleció mi abuelo, lo recuerdo como un gran hombre: serio, apuesto, inteligente y trabajador. De hecho, la familia que todavía tengo aquí solo hablan elogios sobre su personalidad y sus maneras. Mi abuela, fallecida en el 2006, fue una mujer muy sufrida y marcada a sangre y fuego por la tragedia del pasado. En fin, que estas humildes líneas van dedicadas en su memoria.

En el fondo he conducido yo porque Ofer no tiene ni idea de llevar gasolina.... paquet!
Ya en otro ámbito, el día ha estado muy bien. Alquilamos el coche a las diez de la mañana en Tel Aviv y tomamos la autopista 2 en dirección Haifa. El camino fue fácil y ameno, y en una hora ya estábamos en el monte del Carmel, lugar céntrico de la ciudad. Fuimos a ver lo jardines con la preciosa panorámica de la ciudad y dimos un breve paseo. Tras comer un shawarma de esos que te dejan K.O., bajamos al cementerio, que está prácticamente a pie del mar.

Visto que lucía un sol de tarde precioso y nos sentíamos muy a gusto, fuimos a tomar un café en el paseo marítimo. Una mesa al sol, con una leve brisa y un clima perfecto. Poco ambiente, tranquilidad...no se podía pedir nada más. Bueno, o tal vez si: que al pedir la cuenta no nos hubieran pasado a la vez la factura de la hipoteca. Todo un chollo: un café expreso y un capuchino más una botella de agua por el módico precio de 38 shekels, lo que vienen a ser más de 8 euros. Vamos, una ganga. Así da gusto tomar café!

Mezquita de Haifa del barrio de Kababir.
Ahora estamos de nuevo en el Kibbutz Ha’hoterim, donde nos acogen amablemente los amigos Ricardo y Geula. Mañana tenemos una cita temprano con la responsable de prensa de Givat Ha’viva, que por teléfono suena muy maja. Mientras suena Queen con mi Blackberrry, tomo zumo de pomelo y mantengo mis últimas gotas de energía, os mando un fuerte abrazo a todos. Os veo en tres semanas, si queréis claro. Diblastos!

Ofer en el kibbutz de Ha'Hoterim.








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